Crítica de Altered Carbon, la serie cyberpunk de Netflix

Crítica de Altered Carbon, la serie cyberpunk de Netflix protagonizada por Joel Kinnaman disponible en la plataforma a nivel mundial desde el 2 de febrero de 2018.

Netflix ya tiene al completo los diez episodios que conforman la primera temporada de Altered Carbon, una serie de aspecto cyberpunk que se basa en el relato homónimo de Richard Morgan, la cual en 2003 se alzó con el preciado premio Philip K. Dick como mejor novela de ciencia-ficción.

En España se publicó por parte de la editorial Minotauro en 2005 y posteriormente ha sido republicada en 2016 con el título de “Carbono modificado” por parte de la Editorial Gigamesh (la misma que tiene los derechos de las novelas de la saga “Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin). Laeta Kalogridis, responsable del guión de Shutter Island y productora ejecutiva de Avatar, ha sido la encargada de adaptar el libro.

Si estáis al tanto de los estrenos de Netflix recordareis que recientemente la serie Black Mirror, en su cuarta temporada, ha abordado un tema polémico: la posibilidad de transferir la conciencia humana a un dispositivo externo. Ya lo vimos en “San Junípero” y de forma más extensa y variada en “Black Museum”.

¿De qué va la serie?

En Altered Carbon, viajaremos hasta un futuro distópico en el que esto es ya una realidad. Nos situaremos en el año 2384 para abordar una historia en la que se mezclan asesinatos, sexo, amor y traición.

La sociedad se ha transformado de forma radical gracias a esa nueva tecnología que permite que la conciencia puede ser digitalizada, de modo tal que la muerte ya no es algo permanente y los cuerpos humanos ya sean biológicos o sintéticos, también denominados “fundas”, se pueden intercambiar. Cada individuo posee una “pila cortical” en la que se almacena su memoria e identidad: la muerte física no tiene por qué ser el final, pero la destrucción de este dispositivo sí que supone un deceso permanente.

La verdad no es un acto de rebelión, es una revolución. La verdad es un arma

Los verdaderos creyentes, ya sean católicos o de otras confesiones, se oponen a jugar a ser dioses, de manera que renuncian a la “recreación”. Defienden la pureza del alma y por tanto renuncian a regresar a la vida en otros cuerpos, lo que en ocasiones puede convertirlos en víctimas idóneas ya que sus conciencias no pueden ser “cargadas” en una nueva “funda” para, por ejemplo, ejercer como testigos en un caso.

Altered Carbon nos presenta a Takeshi Kovacs (Joel Kinnaman), un ex guerrero interestelar de élite de las Naciones Unidas que ha sido mantenido prisionero durante 250 años y que es “descargado” en el futuro que siempre intentó detener. Ocupará el cuerpo que anteriormente era de Elias Ryker, un oficial de policía.

Fue derrotado en un alzamiento contra el nuevo orden mundial y su mente fue condenada a prisión hasta que Laurens Bancroft (James Purefoy), un millonario con una larga vida, le ofrece a Kovacs la oportunidad de volver a vivir.

A cambio, Kovacs debe resolver un asesinato… el del mismísimo Brancroft. Arrojado en Bay City (la ciudad anteriormente conocida como San Francisco), se verá obligado a adaptarse a una sociedad que ha mutado de forma imparable: ahora los avances tecnológicos han convertido la muerte enalgo solo relativo a la materia física, que es reemplazable.

Dios ha muerto y hemos ocupado su lugar

A través del personaje de Bancroft y de la élite de la que se rodea en el Aerium, ese lugar que literalmente está por encima del común de los mortales, Altered Carbonaborda también el tema de la desigualdad social: tenemos personas tan ricas que pueden permitirse reemplazos continuos e incluso ocupar una “funda” por puro placer a modo de unas vacaciones en otra piel mientras que aflora un mercado negro de “fundas” baratas entre las clases más bajas e incluso somos testigos de cómo algunos presos son castigados siendo descargados en cuerpos que no se corresponden con su edad o su aspecto inicial.

Sea como fuere este futuro representa una verdadera involución, y el mensaje es muy claro: si el ser humano pierde su finitud, se deshumaniza.

Ya al comienzo de la serie nos lo advierten: nada es lo que parece, no puedes fiarte de nada, ni de lo que ves, ni de lo que oyes, ni de lo que piensas, ni de lo que recuerdas. Porque Kovacs tiene una dificultad añadida: a los nuevos problemas a los que se enfrenta tiene que sumarle los efectos de su “descarga”: desorientación, confusión, alucinaciones y amnesia. Y eso hará que su doloroso pasado aflore en los momentos más inesperados recordando parcialmente su entrenamiento y a su mentora, Quell.

Altered Carbon te gustará si…

Si eres un espectador paciente al que no le importa que la trama se desarrolle de forma bastante lenta y sobre todo si eres un amante de la ciencia-ficción y de la estética cyberpunk. La serie tiene un diseño de producción fastuoso y visualmente es un caramelo. Netflix creó un estudio del tamaño de varios campos de fútbol, por el que han llegado a desfilar hasta 400 extras a la vez interpretando a habitantes de la caótica y sombría Bay City. El acabado final es fabuloso y cuando nos introducimos en mundos virtuales el tratamiento psicodélico de la imagen le da un plus de calidad a la serie.

También hay lugares y personajes emblemáticos, como ese Hotel Raven regentado por la inteligencia artificial Poe, el pintoresco Carnage que te remitirá al cine de los 90 o la abuela de la oficial de policía Kristin Ortega, a la que da vida la intérprete mexicana Martha Higareda. Y es que a pesar de su oscuridad y de los temas que trata la serie, hay espacio para el sentido del humor.

Por supuesto, es deudora de obras como Blade Runner, Desafío total, Matrix, Elysium o Ghost in the Shell con un enfoque aún más retorcido en el plano de la violencia y el sexo y con la voluntad de empujar los límites de lo ya visto un poco más allá.

Altered Carbon te gustará también si consumiste con gusto series como Stranger Things, Dark, Electric Dreams o Black Mirror. Te introducirá en su propio universo con suma facilidad, desarrollando toda una serie de conceptos que te resultarán familiares muy pronto y te permitirá adentrarte en escenarios que quizás nunca antes te habías planteado como ese santuario hedonista del sexo en el que puedes replicar a tu amante, un potro de tortura virtual que hace realidad esos castigos eternos de la mitología griega o ese ruedo de combate aéreo que solo ha podido rodarse con especialistas en un túnel de viento.

Ambición no le falta a la serie: quizás sí algo más de concreción y de desarrollo de los personajes. Kinnaman cumple como anfitrión (también exhibe demasiado los pectorales), pero su alter ego del pasado, interpretado por Will Yun Lee resulta más interesante apareciendo bastante menos tiempo en pantalla. Y da la sensación de que el meollo de la serie: la inmortalidad y lo que implica, queda opacado por la necesidad de entretener al personal con una trama amorosa cogida con pinzas y mucha acción en la que la violencia extrema es la protagonista (probablemente no necesitábamos un episodio entero dedicado a las torturas). Coreografías imaginativas no faltan, desde luego y el entrenamiento de los actores da fe del trabajazo que ha habido entre bambalinas para conseguir hacerlas creíbles y lucidas.

Muy atractiva en el apartado visual y con unos efectos especiales muy dignos, Altered Carbon está llamada a ser un éxito de audiencia y, a poco que se encauce, puede convertirse en una serie emblemática abriéndole paso a la ciencia-ficción de alto presupuesto en Netflix. Eso sí, a ver si en el futuro, gana peso la historia. Lo merece.