Guía para novatos en los juegos de rol – Parte 2

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Las bases del juego de rol

Todo esto es muy bonito, pero aún no hemos dicho qué es un juego de rol, ni cómo se juega, ni nada. Pues ahora vamos a ello: Un juego de rol de mesa es similar a crear una novela o una historia, sólo que se hace hablando. Uno de los participantes, llamado narrador/máster/director de juego (el nombre va al gusto), coordina y arbitra al resto, creando y vertebrando la historia. Podéis imaginarlo como un cuentacuentos, sólo que en lugar de contar toda la historia, solo presenta las situaciones y arbitra las acciones de los personajes, a los que interpretan el resto de jugadores.

El resto de jugadores son personajes de la historia, sus protagonistas. Por tanto, es como si el narrador fuera el novelista de una novela, presentando el entorno por el que se mueven los personajes, representando a aquellos personajes y seres con los que se encuentran los protagonistas, y arbitrando con su buen (¡ejem!) juicio las acciones, tanto de los jugadores como del resto de seres que pueblan una partida.

Podríais pensar en un juego de rol como esos juegos de vaqueros e indios que a veces juegan los niños: “tú, indio; yo, vaquero”. Pero, ¿qué pasaba en esos juegos? El vaquero hacía: “¡Pum! Estás muerto“, y el otro niño: “No, no es verdad, no me has dado“. Así acababan discutiendo y se acababa la cosa con los dos niños cabreados.

En un juego de rol, los personajes, tanto los que llevan los jugadores como los que hace aparecer el narrador, se miden por estadísticas. Estas estadísticas y números conforman la hoja de personaje, una representación en números de cómo es ese personaje. Cada jugador tiene una hoja de personaje que representa al suyo.

Las hojas de personaje, en la mayoría de juegos de rol, tienen tres elementos básicos diferenciados: atributos, habilidades y poderes/coñas varias. Los atributos miden las capacidades en bruto de un personaje: su fuerza física, su agilidad, su vigor, su inteligencia… Las habilidades miden su entrenamiento y pericia para hacer cosas concretas: nadar, disparar, leer… Finalmente, uno de los conceptos más extendidos de los juegos de rol son los poderes especiales. Aunque no todos los personajes los tienen, existen en las historias de los juegos de rol elementos de fantasía, como la magia. Los poderes son la magia de un personaje (si la tiene) o sus ataques especiales (dotes de D&D, por ejemplo), habilidades especiales o suerte (algunos juegos dan elementos para “hacer unas pocas trampas necesarias en momentos adecuados”…).

Así, pues, ahora sabemos que un personaje suele estar compuesto por atributos, habilidades y otras cosas. Cuando un personaje trata de hacer una acción (por ejemplo, saltar de un tejado a otro durante una persecución), puede que le salga bien o puede que le salga mal. Eso depende de dos cosas: su habilidad y la suerte. Los dados son la parte de suerte del juego, su fracción aleatoria: puede que consigas hacer ese algo, puede que no. La habilidad del personaje indica sus posibilidades de éxito. Un personaje habilidoso saltando será más probable que consiga saltar de tejado en tejado que uno que no tiene ni idea de saltar.

Por lo tanto, las tiradas de dados se combinan con las habilidades para determinar el éxito o fracaso de una acción. En la pelea de niños del ejemplo de antes, el vaquero habría “disparado” y los dados, combinados con su habilidad (influenciada por las habilidades y/o las tiradas del indio), determinarían el resultado: si le ha dado, si no, cuánto daño ha hecho, si se le ha encasquillado el revólver… Así, pues, existen reglas en un juego de rol, cuyo propósito es arbitrar las acciones de manera justa para todos, y que emplean una parte de azar para ello (los dados).