Existe un problema con las precuelas, si bien algunas funcionan como Ico y Shadow of the Colossus, otras se empeñan a explicar agujeros argumentales de varios trabajos. En cuanto a videojuegos, tenemos la saga Metal Gear Solid y su confusa cronología de eventos; para películas, Star Wars y la trilogía que comenzó con The Phantom Menace, allá por 1999. Para cerrar la brecha entre Revenge of the Sith y A New Hope, tenemos una historia contada desde la perspectiva rebelde. Dirigida por Gareth Edwards, Rogue One: A Star Wars Story cumple su prometido a pesar de sus evidentes fallas.

Rogue One: A Star Wars Story

Es otra película de la saga, aunque tiene un ritmo diferente al acostumbrado. Incluso en The Force Awakens se nos presenta la misma estructura: un personaje principal alejado de su familia, un piloto en una misión importante, alguien conectado a la Fuerza, un grupo político que busca el control de la Galaxia y un arma secreta que pondrá a la resistencia contra la pared. Nada de esto se pierde en las ocho entregas de Star Wars, pero cada una destaca por su ejecución. En sus dos horas con 14 minutos, Rogue One demostró cómo no debe ser el ritmo de una película de la famosa ópera espacial.

No es un problema del elenco, que en su mayoría es bueno y destaca por demostrar cómo se vivía la rebelión en las años del Imperio. No, para nada es problema de actuación. Hay detalles en la narrativa que no encajan en el transcurso del filme y no hacen más que hacer tediosa gran parte de la historia. Mi mayor conflicto es por cómo trataron a Galen Erso (Mads Mikkelsen): de ser un personaje interesante por su relación con el Imperio, pasó a ser un McGuffin para la misión del escuadrón principal (robar los planos de la Estrella de la Muerte). Después está un pobre uso de Saw Gerrera (Forest Whitaker) y Jyn Erso (Felicity Jones), hija de Galen y protagonista de Rogue One. Ambos tienen una larga historia juntos e incluso hacen mención de un momento crítico entre ellos, pero hasta ahí. No se expande por qué Gerrera tiene en altísima estima a Jyn, ni por qué esta termina detestándolo un poco.

Otro aspecto negativo son los motivos de varios personajes. Jyn Erso es una Mary Sue en potencia, una soldado excepcional en palabras de Saw Gerrera. El problema es que, más allá de ver a su padre —aunque no tiene pruebas de que esté vivo—, carece de motivos para estar con los rebeldes y queda más como un señuelo. En la primera hora parece que Cassian Andor (Diego Luna) es el verdadero protagonista de Rogue One, tiene la iniciativa de completar su misión a toda costa, presentando un conflicto moral en un punto importante de la película. Tiene los motivos para destruir el arma secreta del Imperio, pero es enviado a segundo plano para que el personaje de Felicity Jones brille.

Rogue One es lenta al inicio, pero las secuencias de acción aceleran un poco la narrativa y la llevan directo al clímax. A pesar de los problemas con el ritmo de narración, no significa que el filme sea malo. Es una sólida historia que cumple su propósito: explicar por qué rayos existe una debilidad tan absurda en la Estrella de la Muerte, además de contar cómo Leia Organa encontró los planos del arma. A diferencia de The Force Awakens, el humor aquí es justificado. K-2SO (Alan Tudyk) es un robot del Imperio que no cae en chistes baratos o es un inútil, incluso es de vital importancia para el escuadrón.

La escenografía es demasiado buena. Desde el anillo de comercio hasta la base rebelde, se nota el arduo trabajo para que todo encajara bien. Realmente se esforzaron en el tamaño de las naves, un Destructor Estelar es imponente en pantalla, ni qué hablar de la Estrella de la Muerte. Esto el algo que vemos desde el séptimo episodio de Star Wars y que enriquece un poco la experiencia. Todo esto va de la mano de un excelente manejo de iluminación, especialmente de noche. Destaco mucho este apartado junto a la banda sonora,  pues forman un leitmotiv digno de admirar. En algunas escenas representa cuán poderoso es el Imperio, además de la desesperación de los rebeldes por terminar su reinado de terror.

Llena de fan service y referencias a otros eventos de la saga, Rogue One: A Star Wars Story cumple con las expectativas de fanáticos y nuevos en la serie. La historia del escuadrón homónimo es triste pero concluye muy bien. Inicialmente hablé de un problema con las precuelas. El filme se encuentra en un punto medio, pues se encarga de explicar sus acontecimientos y algunos huecos importantes en la trama de A New Hope. Sin embargo, parece que la trama de los Erso es un mero relleno para llegar a lo importante. No sería sorprendente que cómics, series e incluso videojuegos abarcaran esto y otros tópicos que dejaron al aire a lo largo de la película.

Las escenas de acción son una delicia y realmente demuestran cuán débil es la Alianza Rebelde antes de la llegada de Luke Skywalker y compañía. A pesar de carecer de un antagonista como Darth Vader o el Emperador, el trabajo de Ben Mendelsohn como Orson Krennic cumple. Rogue One es una película recomendada para aminorar la espera por el octavo episodio de la longeva franquicia. Recuerden jóvenes padawan: la Fuerza los acompaña y son uno con ella.

Nota extraída de Código Gamers

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