Respuesta a: EGGP – Relato Sesion 8 – Arbusto de mañana AM Bush

Foros Juegos de Rol Pathfinder El Guardián del Guante Plateado EGGP – Relato Sesion 8 – Arbusto de mañana AM Bush Respuesta a: EGGP – Relato Sesion 8 – Arbusto de mañana AM Bush

#6213
Nicolas
Participante

Se sucedían los preparativos, el grupo iba a ingresar en la taberna a averiguar si el tabernero Arwel tenía algo que ver, Ahnuk sostenía su responsabilidad en el caso; así los encontró Pol cuando, ya montado en su caballo les ofreció su posada como escondite y, ante la sugerencia del bárbaro, se dirigiría hacia Everlun y le contaría aun con más detalle lo sucedido a Sir William para que este advertido de lo mal que lo estaba pasando la gente del lugar y de lo que los aventureros pensaban realizar.
Cruzaron los metros que los separaban de la taberna a paso rápido y entraron en tromba dirigiéndose hacia donde, en teoría, estarían Arwel y su hermana, pero, con una sorpresa frenética detuvieron su paso en seco cuando vieron a un grupo de esos guerreros tatuados saltando de sus sillas y arrojando mesas por los aires.
Era obvio que algo unía a los miembros de la secta y al vil tabernero.
Los dos magos que se alojaban allí habían recibido visitas, entre esas personas se hallaban varios guerreros, devotas vestidas de túnicas y con tatuajes religiosos que les conferían un aura mágica distinta, y el poderoso Rupert que, con los ojos inyectados gritaba y señalaba hacia la tromba que atravesaba la puerta.
Grumyar y Ahnuk no se amilanaron y se colocaron al frente para crear una barrera entre los tatuados y sus compañeros, Borok a la carrera salto la barra para encajonar a sus enemigos mientras Turiel, Nagor y Shauden preparaban sus dardos y hechizos detrás de la barrera de corazas enanas.
Los tatuados se acercaban y de las manos de Nagor salió un rayo hacia el grupo que comenzó a hacer daño inmediatamente, al unísono Ahnuk le lanzo un hechizo de inmovilizar a Rupert que fallo ante la alta fuerza de voluntad del líder sectario.
Las acciones se iniciaban y comenzaban a cruzarse palabras benditas con sentencias malditas, las devotas se abalanzaban sobre Borok, martillo en mano; mientras Rupert, molesto con Ahnuk por su descaro salto hacia adelante y comenzó a golpear.
Todos los guerreros avanzaron junto a su líder, y se entrelazaron con los aventureros que no esperaban esa lucha a tan altas horas de la noche, martillazos alcanzaban las armaduras en los flancos y frentes mientras que Grumyar, Ahnuk y Borok parecían no conectar un solo golpe.
El viaje había sido largo y no habían podido descansar del combate contra los goblins del camino y las largas y amargas horas vividas en Claywood.
Largos parecían cada minuto que se alargaba el combate, el mandoble de Rupert silbaba en el aire como metal  ardiente y avivaba el fanatismo en los corazones de sus seguidores.
Atravesó la armadura de Ahnuk y una serie de rayos blanquiazules penetraron en la carne del enano causándole una herida en el alma, pero el gigante no salía indemne del combate, esos mismos espíritus mordían la carne del Rupert que se reía desaforadamente.
Fuertes golpes iban y venían solo que los tatuados poseían devotas que mantenían sus cuerpos enteros. Turiel se vio sorprendida y avasallada por un guerrero que se le vino encima alabarda encima, su estilete salto a su mano y tuvo tiempo solo para protegerse para que el guerrero no le hiciera daño.
Desde el fondo Nagor llamo a su dragón interno e ilumino todo con un rayo que atravesó el salón impactando en el pecho de otro guerrero que avanzaba a la carrera.
El pobre Ahnuk continuaba recibiendo golpes de varios de los tatuados dentro de los cuales el más peligroso y dañino era su Jefe pero con algo de fortuna y coraje pudo recuperar aire solo para seguir protegiendo a sus compañeros.
Rayos y fuego salían de las manos del hechicero al tiempo que Borok cercenaba brazos y escupía sobre los cadáveres de los enemigos caídos.
En el trajín se veía una coraza metálica que apenas podía defenderse de los golpes de los guerreros que se acumulaban a su alrededor, Ahnuk resistía a duras penas esperando que su primo culmine la matanza que le tocaba y lo fuera a asistir.
Una de las doncellas solo miró fijamente a Grumyar y su mirada fue más penetrante que el daño que podría haber generado un hierro al rojo.
La cortina de luz que proveían las candelas de la taberna se bajó y la más negra oscuridad envolvió la mente del enano, ya no podía ayudar a nadie y a duras penas, apoyado contra la pared, podía esquivar los golpes y cortes que aun provocaban sus enemigos.
Turiel encerrada contra una esquina saltaba sobre los hombres del desgraciado guerrero que recibía aguijonazos en los costados y espalda en cuanto se descuidaba. La pícara estaba en una danza violenta cortando y fileteando al tatuado.
Un paso atrás y una poción, otro paso atrás y a cubrir la cabeza, Ahnuk quedaba siempre a mano del mandoble del líder sectario, pero de esa manera ganaba tiempo para que sus compañeros eliminaran a la troupe de devotos sectarios.
Borok quedó atrapado en la barra, superado por los tatuados y esquivando manos vaporosas llenas de malas artes mágicas y martillos con puntería certera.
Nagor había quedado atrapado junto a la puerta, con pocas posibilidades de herir a sus enemigos sin dañar a sus amigos, la posición del hechicero no era cómoda y sus acciones se redujeron a la asistencia.
La lucha avanzo, uno a uno los seguidores de Loviatar caían bajo el poder guerrero de los aventureros, solo su líder continuaba en pie asestando profundos golpes sobre el escudo y coraza de Ahnuk cuando, en un atropello de valor Shauden intento atacarlo por un costado, para solo ser detenido en seco por el codo metálico de Rupert.
El druida no duro mucho en un combate contra el mejor de los tatuados, otro golpe repentino del mandoble de Rupert abrió en canal el pecho de Shauden que cayó muerto en el piso, un sacrificio enorme para darle algo de aire a Ahnuk para seguir soportando el ataque frontal de Rupert.
Como haces de trigo Borok cortaba por la mitad a cada uno de los tatuados, una furia desenfrenada liberada por el Bárbaro le daba la potencia y la habilidad para aplastar, cortar y desmembrar a cualquier enemigo que se interpusiera entre él y Rupert.
Miembros caídos y charcos de sangre rodeaban a Grumyar, le impedían caminar con soltura, pero ese era el menor de los males ya que, si hubiera podido ver semejante escena dejada atrás por el tornado de violencia en el que se había convertido Borok, su estómago se hubiera dado vuelta.
De pronto, sin advertencia ni sugerencia, Rupert se ilumino, y su presencia pareció hacerse más gigantesca de lo que ya era, un grito bestial surgió de su pecho y lo distrajo de su objetivo principal.
Todo esto dio un segundo de calma que le permitió a Borok recuperar algo de aire para atacar por la espalda al líder tatuado, los minutos se le acababan al enano, y sabía que su armadura no resistiría mucho más, pero estaba dispuesto a asegurar que sus compañeros terminaran con la vida del enemigo.
Tenía la confianza que no lo iban a abandonar y debía asegurar un poco más de tiempo para que entre todos, eliminaran la amenaza que aun podía acabar con la compañía completa.
Ahnuk cayó tras un primer y pesado mandoble de Rupert que, en su furia se quedó sin objetivos a los que atacar y debió darse vuelta, solo para recibir la carga e Borok, hacha en mano golpeo contra el pecho del gigante y un sonido vacío empujo a los demás varios pasos hacia atrás.
El hacha de Borok atravesó a Rupert y su pecho se recortó de su cadera para caer pesadamente al piso en un rictus de incredulidad y dolor.
La batalla había terminado y eran incontables los miembros desprendidos de sus cuerpos repartidos por el piso, mesas y sillas hechas astillas, botellas destrozadas y, entre todos los cuerpos tatuados Turiel supo ver una cicatriz y mechones de pelo color rojizo.
Su pesar y congoja no pasó desapercibida a Nagor que identifico en ese cuerpo a la esposa de Pol.
Un hombre gentil a quien habían prometido darle una carta a su esposa y ahora su esposa yacia, junto al resto de los devotos de Loviatar.
Rápidamente comenzaron las curaciones, no sabían que más traería la noche, y no fue sorprendente ver que, desde el fondo de la calle un grupo de guardias de la ciudadela se acercaba al trote y armas en mano.
Borok se asomó, vestido de sangre de los caídos, y les impidió la entrada, aun había tareas que terminar dentro de la Taberna. El dueño, ese personaje siniestro de nombre Arwel bajo por las escaleras acompañado por su hermana y con las manos en alto, viendo con horror el estado en el que había quedado su local, agradeció un tanto condescendientemente, a los aventureros, haberlos librado de los tatuados y sus negras artes.
No había lugar para lambiscones y ambos dependientes fueron encerrados en la planta alta, era hora de recuperar las heridas infringidas y de cuidar a los caídos.
La guardia de la ciudadela, con asco y terror se alejaba sin dar la espalda a la taberna, en ese momento se dieron cuenta del poder que este grupo de viajeros poseía, medio cuerpo de Rupert quedo tirado en la calle frente a la taberna para mostrar a quien llegara en son de combate que no se le daría tregua y, sobre todo, que saldría perdiendo.

Alguien golpeo la puerta y cuando Borok asomo la cabeza vio que Pol había regresado, con sorpresa lo hizo pasar pero el destrozo del combate fue demasiado para el gentil hombre, con náuseas y malestar salió a vomitar.
La gente se agrupaba frente a la cantina mientras Pol les informaba que dos caballos con un bulto a la grupa se dirigían al galope hacia el norte, aparentemente la elfa que venían persiguiendo se estaba dando a la fuga junto a la que parecía Brunna Claymore.
Presurosos, tomando el control de la taberna Borok pidió caballos y al galope rápido junto con el muchacho de cuadra, Pol y Nagor siguieron el sentido de huida que indico Pol, los guardias intentaron cerrar las puertas del cerco exterior del pueblo. No fue lerdo el elfo de cuadra cuando lanzo un flechazo tan cerca de los guardias que, una vez más se sintieron intimidades y dejaron de cerrar el portón, permitiendo por fin salir a la cuadrilla en persecución.
Detrás, en la taberna quedaron Turiel, El ciego Grumyar y Ahnuk para cuidar el lugar, averiguar que más tenía que decir el tabernero y su hermana y atender cualquier dilema que la guardia y su jefe tuvieran que decir.

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