EGGP – Relato Sesion 5 – Quema, quema, quema

Foros Juegos de Rol Pathfinder El Guardián del Guante Plateado EGGP – Relato Sesion 5 – Quema, quema, quema

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    Nicolas
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    Comenzaba el nuevo día, ya vueltos a la torre Brilunar, Iorlaun y sus hombres limpiaron mágicamente el libro con plumas de cuervo y se lo entregaron a Gregorovich, del grupo el más versado en idiomas y escritura.
    Se acercaron a Sir William y juntos se fueron dirigiendo hacia el castillo, le comentaron los eventos de las horas anteriores, los ogros, los restos y de cómo el combate duro poco gracias a las artes mágicas del hechicero.

    Caminando hacia el templo, vieron entonces caminar hacia ellos a un guardia que saludo solemnemente a Sir William. Acompañado con una joven de cabellos negros y cubierta con una pesada capa, le informo entonces a Sir William que dicha joven había visto  movimientos y gente extraña rondando la tienda del Profesor Templeton, gente que de rostros adustos y maneras violentas que asustaban a los vecinos del profesor.
    Ella conocía al profesor y le extraño que hubiera cerrado la tienda a tan altas horas, cuando no era lo común. El profesor fabricaba objetos de uso inusual, que rayaba en lo arcano y no le extrañaba a Sir William que ese tipo de gente se le acercara pero a la joven eso la atemorizaba, ella conocía a sus vecinos y no eran ni gente ni eventos que sucedieran comúnmente.
    Sir William les solicito pues averiguar que sucedía mientras la noche se cerraba, sin entusiasmo general pero ante la excitación de Ahnuk decidieron encaminarse hacia la tienda junto a la compañía de Turiel, que así se llamaba la joven que les transmitió aquellas noticias; una joven de aspecto álfico, un poco descuidado para una mujer pero donde se escribía en su piel, sus ropajes y modos, anos y kilómetros de experiencia en el camino, una aventurera al igual que ellos pero con un arraigo a este lugar mucho más profundo.

    Así fue como recorrieron las pocas cuadras que los separaban de su destino en la noche, pocas luces y aún menos transeúntes ocupaban la visión del grupo mientras se acercaban.
    Dando la vuelta a un recodo, con Turiel avanzando al frente, llegaron a un pasillo angosto con el suelo cubierto de tablas para mejorar el caminar. Señalo hacia la puerta dela tienda del profesor y se extrañó, no de la mejor manera, el hecho que había un grupo de personas de comportamiento grosero rodeando un tacho con fuego, armados y que le deban muy mala espina; mas allá, otro grupo, tal vez un poco menos evidente pero igual de grosero y gritón, que jugaba a los dados contra una pared.

    Las luminarias y el fuego mostraban un total de ocho personas que no se encontraban allí cuando Turiel estuvo antes y que parecían no ser de allí o tener lugar entre los vecinos, que cerraban los postigos con terror y sigilo para que esas personas no los notaran.
    Una vez que todos lograron identificar la amenaza y la distancia que los separaba de la puerta de la tienda decidieron sabiamente entrar en la zona en forma invisible, no solo para tener una idea más acertada de cuáles eran las intenciones de esos malcarados sino también para llamarles la atención hacia otro punto y no hacia el ellos.
    Fue así que Gregorovich lanzo sobre sí mismo un hechizo de invisibilidad y, llamando a la magia que habitaba en sus ropajes comenzó a caminar hacia los hombres frente a la tienda, lento y preciso hasta que llego a un pequeño callejón que se hallaba frente a sus compañeros. Comenzó a subir sigilosamente hasta llegar al techo y camino por las tejas sin perder de vista la posible amenaza que se hallaba a nivel de la calle.
    Observo que ninguno de ellos tenía cara de buenos amigos y todos se encontraban fuertemente armados. El grupo del fondo, aparentemente no resultaba una amenaza ya que parecían estar muy atareados apostando y riendo la borrachera.
    Camino sobre el techo de la casona donde se encontraba la tienda del profesor Templeton, las tejas crujían bajo sus pies pero su caminar delicado permitió que ninguna cediera y se rompiera bajo sus pies. Así siguió hasta llegar al techo del segundo edificio, detrás del grupo de hombres armados y sobre la cabeza de los jugadores.
    Con una delicadeza digna de un gato, bajo pegado a la pared y corto una soga para la ropa que los vecinos habían colgado de lado a lado de la calle. Eso sobresalto a ambos grupos de hombres que miraron exactamente hasta la zona donde se hallaba Gregorovich, los hombres que se hallaban jugando dejaron los dados y se armaron para atacar a la amenaza que se cernía sobre ellos.

    La situación había cambiado, ya no era un grupo reducido de hombres que impedía entrar a la tienda sino una pequeña soldadesca mercenaria que presentaba una situación estratégica más complicada y peligrosa que lo que pensaban inicialmente.
    Una saeta salió disparada, detrás y casi al mismo salió otra disparada de los arcos de los hombres del fondo y se clavaron en el costado del mago. Un horror cubrió las caras de la soldadesca y comenzaron a gritar y amenazar al mismo aire mientras veían que las flechas se elevaban hacia el techo señalando la presencia del alguien encubierto.
    Cuando por fin Gregorovich pudo llegar al techo, calentó sus manos y lanzo, directamente hacia los arqueros  una bola de fuego que atrapo a la mayoría de los atacantes. Al ver semejante espectáculo de fuegos artificiales y aun pensando que aquella situación podía resolverse conversando salió Ahnuk disparado hacia el grupo de hombres.
    Grumyar, apoyando a su primo también avanzo de manera contundente creando una pared enana frente a sus compañeros; Turiel avanzo hasta el pequeño callejón por donde anteriormente había subido el mago y Rawven avanzo detrás de los primos, listo junto a su perro, para hacer sufrir al enemigo.
    Arriba del techo Gregorovich no paraba de sufrir, cuando se hizo visible con el ataque a la soldadesca mercenaria, dos dardos de extraña factura se clavaron en su pecho causándole a la vez un intenso frio y un centelleante ardor. El mago no podía ver de donde habían provenido esos dardos y nada podía hacer saber la ubicación del atacante, su fiel golem compañero no estaba allí para protegerlo y estaba solo para hacer frente a un extraño y poderoso enemigo.
    Ni bien se el grupo de maleantes vio que la compañía de aventureros se le venía encima con velocidad se agitaron y prepararon sus armas para arremeter sobre ellos, dirigieron insultos y gritos para agitar y molestar al grupo.
    Salieron nuevos disparos dirigidos hacia la doncella elfica Turiel, y fue allí que Ahnuk se dio cuenta que no había ya dialogo posible, señalo al enemigo más cercano y cargo sobre el para castigar a los malvivientes, Grumyar lo acompaño y juntos dieron frente a los mercenarios.
    Todos los dardos y combates fueron dirigidos a los enanos, dándoles la oportunidad a sus compañeros para poder maniobrar y atacar a distancia. Turiel disparaba sin cesar, llegando con algún dardo a dar en el blanco pero no así con muchos otros; el perro de guerra de Rawven, Tut, se abalanzo sobre el jefe de la partida enemiga, solo para rebotar de frente con un pesado escudo.
    Las amenazas y gritos se convirtieron en un segundo en una maraña de golpes y saetas que iban y venían, el polvo se levantaba desde debajo del  piso de madera y.

    De pronto, el jefe de los bandidos, viendo que un tremendo perro de guerra avanzaba hacia el con sus fauces abiertas y resollando como engendro del demonio, se abalanzo sobre él y le propino un mazazo que dejo al pobre Tut tambaleando por un momento.
    El mago continuaba escuchando sonidos extraños en el techo pero no podía ver ni ubicar a su atacante. Gregorovich estaba solo e indefenso, tratando de sobrevivir ante un enemigo que, por lo visto, lo superaba en habilidad y poderes, corrió sobre la cornisa y comenzó a bajar rápidamente como araña por la pared.
    Ofendido por el semejante ataque a su compañero Rawven atrajo unos poderosos rayos que impactaron directamente sobre la cabeza del jefe sin hacer tanto daño, el bandido era mucho más resistente de lo que el druida supuso y se aguantó el impacto eléctrico para dar pelea nuevamente.
    Ahnuk y Grumyar soportaron la mayor cantidad de golpes, los bandidos se reunían a su alrededor e intentaban, fútilmente, hacer daño a estos grandes guerreros enanos, uno a uno fueron cayendo a los pies de los enanos, lo que no es mucho considerando la altura a la que se elevan los enanos.
    Fue en el momento en el que ya casi todos los bandidos se encontraban subidos y enfrentados a los enanos que Gregorovich logro alcanzar el piso y la pared del edificio de enfrente, y fue también en ese momento cuando el mago perdió la vista…………………………………momentos de terror e incertidumbre pasaron por la mente del mago, ya no eran juegos de niños, esto se había tornado en algo personal y él era quien iba a sufrir las peores consecuencias.
    De un profundo y definitivo golpe de mazo el Jefe de los bandidos dio buena cuenta de Tut y se encaró a darle una paliza a Grumyar solo para recibir otro impacto de un rayo para hacerlo bailar como marioneta en la noche.
    Detrás de la pared defensiva enana se encontraba Turiel, y uno de los bandidos logro alcanzarla simplemente para impedirle lanzar más flechas sobre sus compañeros. Turiel desenvaino su estoque y con toda velocidad y delicadeza comenzó a convertir al despistado atacante en un alfiletero.
    Fue entonces que el combate llego al máximo punto de frenesí, ya nadie podía despegarse y menos no defenderse o atacar para destruir a su enemigo.
    Aquel que se había ensañado con Gregorovich pareció entonces prestar atención al grupo de combatientes y, habiendo inhabilitado las acciones del mago lanzo entonces sobre los enanos y el druida un hechizo donde cualquiera podría quedar echado y riéndose sin poder hacer absolutamente nada para ayudar a sus amigos o a sí mismo.
    Rawven cayó afectado por el hechizo disipándose la tormenta que había sobre ellos y de donde habían caído los rayos, pero los primos quedaron de pie, resistiendo y combatiendo ferozmente para poner orden en ese angosto pasillo citadino.

    Tambaleante Gregorovich llego a cruzar la calle, se apoyó en la pared de la tienda del profesor Templeton, los gritos provenientes del combate lo mareaban pero sabía que no había otra salida más que alejarse del tumulto.
    La puerta de la tienda se abrió y el mago sintió como una persona se alejaba con un fuerte ruido de espadas desde dentro del local, instintivamente levanto las manos y un fuerte rayo flamígero salió despedido hacia adelante alcanzando a un nuevo  bandido que salía y estaba distraído combatiendo con el profesor Templeton. Quedo abrasado y cayó de rodillas pero se levantó y continuo con su huida.
    Nunca antes Turiel se había visto metida en semejante situación, su estoque clavaba y clavaba a su enemigo, pero estaba encerrada en un callejón y apartada de los demás, su situación era, al menos, complicada si el combate se extendía mucho más.
    Una nube fétida  densa y verdosa se expandió sobre ellos, todos debieron hacer uso de su gran fuerza interior para no caer vomitando hasta la histeria para poder sobrellevar la situación, el enemigo se hacía más perseverante, sus artimañas eran más complejas y la compañía se veía atenazada por las artes mágicas de un enemigo al que no podían ver.

    Este clan no era solo un conjunto de bandidos callejeros, luego de haber vivido el secuestro del niño y ahora este evento, se daban cuenta cada vez con más certeza, que esta aventura los llevaba a los límites de su resistencia y habilidades.
    Grumyar tropezó y una gran bocanada de ese aire fétido se incrusto en su abultada nariz provocándole una molesta nausea, comenzó a agitar los brazos para separar la nube frente a  el mientras se retiraba del combate y Ahnuk terminaba de atravesar al último bandido que tenían frente a ellos.
    Sin demora Grumyar acelero el paso, mientras se sonaba la nariz, y se dirigió hacia la pequeña elfa que se veía arrinconada cada vez más.

    De reojo Ahnuk vio como el bandido que había salido de la tienda corría en dirección contraria y lo perseguía mientras Gregorovich caía débil y ciego dentro del portal del local del profesor que, temeroso, comenzó también a golpearlo sin esperar explicaciones ni movimientos, los gritos y gemidos del mago eran desoídos por el profesor que se ensaño con el pobre ciego tirado en el piso.
    En medio del ruido que provenía de la calle y los golpes del tendero, Gregorovich sintió como algo se movía alrededor suyo y que no era de factura normal, algo o alguien se movía alrededor del profesor.
    Ese algo era la amenaza que lo había perseguido durante la última hora y lo inhabilito para el combate, ese algo, merecía una respuesta a sus acciones.
    Entre golpe y golpe el mago logro advertirle a Templeton lo que sucedía pero la advertencia no fue suficientemente rápida, de pronto una saeta salió desde una esquina, y luego otra. Ambas se clavaron en el pecho del anciano que cayo pesadamente al suelo ante la angustia de Gregorovich que con miedo y pesar llamo a su compañero elemental para que lo salvara de la amenaza invisible.
    Afuera Ahnuk alcanzo al fugitivo y lo arrojo al piso, sabía que sus votos de caballero le impedían matarlo y, a fin de cuentas, precisaban sacar información de algún lado. La información había sido mínima hasta el momento y el origen provenía de una fuente que solía escatimarla, las vidas de todos dependían de la información acerca de quiénes y cuántos eran los enemigos a quienes debían enfrentar.
    Lo amaño  y lo arrastro hacia el lugar donde habían caído sus compañeros cuando vio una explosión de fuego salir desde dentro de la tienda; un rayo salió se prendió a las ventanas creando tenebrosas rejas que desaparecieron en un instante así como habían aparecido.

    El golem elemental de Gregorovich lo cubría como un escudo, las saetas y rayos pasaban por el costado pero no lo alcanzaban, la intranquilidad subía y su ceguera no ayudaba a sentirse en paz; la muerte del profesor daba un sinsentido a quedarse dentro del local, en la desesperación lanzo una bola de fuego que impacto en una de las esquinas, la explosión reventó sobre todos los muebles y artefactos del finado profesor rodeando a su enemigo en una flama viva.
    Ya junto a Turiel, Grumyar decapito al bandido con el cual estaba enzarzada en combate la elfa y con una suerte más allá de la de todo enano comenzó a escuchar gritos de niños que surgían desde el primer piso de la tienda. Sus ojos se dirigieron hacia las enrejadas ventanas de la planta alta, detrás de ellas dos niños se asomaban entre llantos y gritos, el calor los había alcanzado y en minutos lo harían las llamas.
    Como buen defensor de inocentes Grumyar salió disparado hacia la puerta de la tienda y se encontró con que el mago disparaba a diestra y siniestra rayos y centellas sin mediar dirección o intensidad. Con horror vio la intención del mago, el enemigo aún se encontraba allí.

    Casi como una infernal maquinaria comenzó a revolear su hacha, cuando de pronto corto algo que se acercaba sobrevolando, ese algo cayo pesadamente pero aun no podían ver de qué o quién se trataba, el calor envolvía al enano, las llamas pasaban la mitad de la estancia y se acercaban peligrosamente a la armadura del enano, el beso del infierno rogaba por Grumyar.
    Entre el golem y Grumyar estaban golpeando a algo que se escondía en la invisibilidad de sus artes, parecía algo poderoso, pero no era infalible, los golpes le duelen a todos por igual, sobre todo los golpes de un enano concentrado y predispuesto a hacer mucho daño.
    El golem se giró sobre sus pies y tomando a Gregorovich de los hombros lo saco arrastrando de la casa, el mago había caído con otra flecha en el hombro y su sufrimiento hizo que también cayera aturdido al piso. Salieron por la puerta, mientras Grumyar los cubría, hasta que Turiel se acercó rápidamente para aplicarle los primeros auxilios y darle a beber algunas pociones para recuperar sus heridas.
    Esos cortos pero peligrosos segundos pasaron mientras Grumyar veía como, madero a madero, la casa de Templeton caía en llamas; los gritos de los niños en el piso de arriba no pasaron desapercibidos pero la amenaza del enemigo aún estaba presente y debía eliminarla.

    En un arranque de culpa, viendo a los niños angustiados en el primer piso Ahnuk corrió hacia la tienda e ingreso dispuesto a crear un boquete y sacar a los niños por la planta baja mientras Rawven, ya recuperado, y Turiel buscaban la manera de trepar y sacarlos por la ventana. Cualquier medio necesario era pensado y llevado adelante para evitar que inocentes mueran por culpa de los bandidos.
    Grumyar blandió el hacha y cuando la bajo reconoció que había traspasado algo, algún cuerpo, pero ese cuerpo seguramente no habría sobrevivido ya que la hoja quedo clavada en el suelo de madera, así y todo el enemigo quedo oculto a la vista. Al grito de “ya es muy tarde” tomo a su primo de la armadura y lo saco arrastrando hacia afuera.
    Turiel y Rawven lograron tomar a los dos niños y bajarlos de la ventana dejándolos a salvo de las llamas y en los cariñosos brazos de la elfa que los alejaba de los cuerpos sin vida de los bandidos que mataron a su padre.
    Los vecinos, aún muy temerosos pero molestos por el incendio de sus propios hogares, salieron a la calle y comenzó a amenazar e insultar a los aventureros; detrás de ellos la guardia venia rápidamente y con las armas en la mano para apresar a aquellos que generaron tales destrozos.

    Ahnuk dio un paso al frente levantando la mano, enunciando la tutela de Sir William por fin lograron explicar a los guardias sus motivos y la historia de lo sucedido, los niños fueron recogidos por los vecinos y, tanto el grupo como el prisionero fueron acompañados por la guardia al bastión de Sir William.

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