Sesión 5

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    Burjar
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    La compañía comenzó acomodándose en los pocos espacios libres y secos de la habitación en tanto los menos exhaustos se dispusieron los turnos de guardia, había sido un día complicado y el encuentro con las criaturas los había desgastado.
    El pequeño ladrón, Fofodon y Thokk el monje, que se habían quedado con el primer grupo, llegaron corriendo por el pasillo para avisarle al grupo que sus compañeros continuaron hacia el bosque siguiendo una extraña pista, y se quedaron con ellos para sumarse al trabajo de encontrar lo que Saren estaba buscando y, tal vez para el hobbit, encontrar alguna pequeña fortuna personal.
    Así transcurrió la primera guardia cubierta por Thokk sin ninguna novedad y, sobresaltando al pequeñazo Fofodon, lo envió a cubrir el segundo turno. El trabajo de cubrirle las espaldas a sus compañeros no era algo que se ciñera a las aptitudes y deseos de Fofodon, como buen bromista, antes de ir a revisar el pasillo lámpara en mano, ato los cordones de Duhck mientras este dormitaba, menudo golpe se pegara cuando despierte, decía para si entre risas mudas.
    Y así, cuando se asomo al pasillo pudo ver en el lugar donde el túnel continuaba hacia adentro de la cueva que, algo semejante a la sombra de una persona se escurría en la oscuridad. Enfocando hacia allí la lámpara y avanzando un poco noto entonces que dos puntos verdes lo miraron fijamente para luego desaparecer nuevamente en la total negrura del ambiente.
    Volvió sobre sus pasos hasta la entrada del salón y nuevamente contemplo con asombro que una figura humanoide se encontraba agachada sobre el cuerpo de Aiwendil Sulimo, y parecía estar escudriñando entre sus pertenencias. En total silencio se fue acercando hacia donde se encontraba Thokk pero, en el último minuto, resbalo con el báculo del monje provocando que la figura se incorpore y desaparezca ante los ojos del hobbit.
    Temeroso por lo que acababa de presenciar, dio la voz de alarma y, uno a uno, los miembros de la partida se levantaron. Sin esperar un minuto comenzó a relatarles lo sucedido y, mientras aun trataba de incorporarse tras la caída, Duhck comenzó a recordar aquellas canciones de feria y poemas de pastores, donde aun se recuerdan los tiempos y lugares donde los muertos no descansaban, espectros los llamaban, animas, fantasmas y, por lo que podía recordar, no eran de temer demasiado. Pero una pregunta le surgió al gnomo, porque esas criaturas estarían tan interesadas en el hechicero y sus pertenencias.

    Tomaron la decisión de replegarse hasta la primera sala y así tomar unas horas mas de descanso, el lugar no era seguro y no podían dar nada por sentado, nuevamente se repartieron las guardias de a pares para mas seguridad.
    Era ya tarde a la noche, pero para ellos no había diferencia, la oscuridad del exterior era menor que la de esa incomoda y fría cueva, por lo que las horas pasaban sin dar cuenta.
    Teniendo mas experiencia en cartografía y una particular percepción de los detalles, Saren convoco, a cambio de una recompensa en oro, a Duhck para que, a medida que avanzaran le fuera diagramando un plano de las catacumbas, tal vez solo por placer, para futuras expediciones, o en caso de que los aventureros cayeran, poder contratar otro grupo con algo mas de información.

    Con un poco más de energía en el cuerpo, todos se agruparon y continuaron con el camino que los dirigía al corazón de la montaña. Alertados de los males que los circundaban, Balarian, comenzó con sus rezos protectores y de alerta ante esas molestas criaturas que los habían molestado horas antes.
    Duhck haciendo uso de sus artes, y para que todo el grupo este mas confortado y alerta encanto un grupo de luces que se adelantaban al paso de la compañía, recorrieron los últimos treinta metros de túnel desde la segunda sala e ingresaron en un gigantesco salón que daban un poco mas de respiro a la situación de encierro vivida. Al fondo podía observarse una gran reja rastrillo que cerraba la continuación del túnel hacia el corazón de la montaña, a su lado se abría una pequeña sala. Todos se dispersan buscando indicios acerca de cual era la función del salón, Fofodon encontró entonces pequeños surcos desgastados de lo que podrían ser rueda ya cubiertos por polvo y escombros. Entretanto Duhck se acerco a la pequeña sala y descubrió una serie de muebles y artefactos que daban la idea de alguna sala de guardia o peaje, con muebles destrozados y derruidos. Intento hacer una antorcha pero todo allí era ya demasiado viejo y se deshacía en las manos, pero la búsqueda no fue infructuosa, allí en un rincón hallo una vasija con el aceite que tanto necesitaban para mojar sus antorchas que, luego del incidente de los insectos, se había casi acabado.
    A los costados de la sala y a escasos metros de la pared de ingreso a la sala, se abrían a los lados dos pasillos, a la izquierda una escalera y a la derecha otro túnel.
    Con la intención de cubrir todos los salones y previendo visitas inesperadas por la retaguardia, subieron por la escalera hasta un amplio descanso que daba a una nueva y pequeña reja rastrillo, y detrás, una contrapuerta, ambas bien cerradas, como pudo descubrir Fofodon al revisar la cerradura. Con cierta tranquilidad, dieron media vuelta y se dirigieron a la abertura del otro lado.
    Este era un largo y profundo pasillo que se mantenía a la misma altura que el salón principal, no bajaba ni subía, habiendo recorrido varios metros llegaron a una nueva sala concentradora, bastante mas chica que la anterior y, a la izquierda, paralelo al camino central se abría un nuevo túnel, pero esta vez estaba todo derrumbado y lleno de escombros, la sala misma parecía haber sufrido casi un terremoto o una gran explosión.
    Se acercaron un poco más hacia ese nuevo camino y vieron que, tanto hacia arriba como abajo se abrían unos agujeros de unos 3 metros.
    Thokk pudo ver el final del agujero que se abría hacia abajo y vislumbro una continuación o grieta abierta a través de los escombros. Los sentidos agudos del monje se enfocaron luego en un extraño ruido que provenía del techo y, señalando rápidamente, Duhck oriento las luces voladoras hacia el techo. Asco y repulsión provocaron en todos lo que allí vieron; un enorme nido de insectos reptantes se desbordaba desde el agujero superior, atraídos por los sonidos y las luces, salían de a miles. Sin dilación todos salieron de la sala y volvieron al gran salón, allí se dedicaron un minuto a revisar el mecanismo del gran portón que les cerraba el camino pero, sumado a que estaba muy defectuoso y requería de una enorme fuerza, podían ver que varios metros mas adentro, el techo también había caído sobre el camino cerrando el paso por detrás de la reja.

    Todos los caminos parecían cerrados y ninguna ruta era segura, volvieron sobre sus pasos hacia la escalera, la cerradura del portón que allí se encontraba pareció, a los ojos del hobbyt, con menos desgaste que aquel del salón principal.
    Esa noche estaba destinada a los fracasos o intentos inútiles para proseguir con su camino, cuando Fofodon, ciertamente afamado como ladrón de bolsas en el mercado, no podía abrir el cerrojo, Duhck el bardo comenzó a recitar en un tono tranquilo e inspirador, una loa dedicada a mejorar las habilidades del pequeño.
    Fue así que, por fin, el cerrojo cedió y las trabas laterales que lo contenían cedieron pero ninguna palanca o mecanismo se veía para elevar, torcer o correr el obstáculo.
    A fuerza de músculos Thokk, balarian y Rufilos, asegurando bien los pies contra las rocas del piso, elevaron la reja una distancia considerable como para que los integrantes más bajos lograran pasar y descubrir los medios para que la reja se eleve y les permita a los demás traspasarla.
    Una contrapuerta cerraba el espacio en que se hallaban Fofodon y Duhck, nuevamente recurriendo a su destreza en la abertura de cerraduras ajenas, el ladrón, ya con mas rapidez, logro que la pesada puerta cediera abriéndose hacia el interior de una gran sala, un enorme espacio del cual aun salían vapores hediondos y húmedos.
    El salón, apenas iluminado con una antorcha de mano que llevaba Fofodon, dejaba ver grandes cantidades de cadáveres en el piso, algunos simplemente yacían mientras que otros parecían desgarrados y roídos por ancestrales dientes. Las paredes manchadas de sangre y viseras secas mostraban la crónica de una matanza antigua y cruel.
    Mientras sus compañeros esperaban del otro lado de la reja, los pequeños revisaron la sala en busca de algún mecanismo, que hallaron, pero que era imposible que ellos movieran, así pues se encargaron de buscar unos buenos soportes entre tanta armadura, espada y escudo para que, al menos momentáneamente los integrantes más robustos pudieran habilitar esa entrada.
    Uno y luego otro, fueron arrastrando dos escudos torreón hacia la entrada y los colocaron a modo de soportes para impedir que la puerta rastrillo cayese de golpe, Rufilos y Thokk se esmeraron en mover la palanca pero no obedecía.
    En el fondo del salón Fofodon había observado unas monedas caídas, oro y plata resplandecían a la media luz cuando resortes y tuercas saltaron del mecanismo del portón haciendo un ruido audible en toda la cueva, de pronto un grito precedió a un tremendo golpe sobre la puerta al otro extremo del salón, justo frente a donde se encontraba Fofodon revisándola para evitar caer en una trampa.
    Un golpe, luego otro y otro iban deformando la puerta, los ojos azorados de Fofodon no podían creer que alguna criatura tuviera tanta fuerza y salio disparado hacia sus compañeros gritando frenético.
    Uno a uno todos vuelven a pasar del otro lado de la reja, justo sobre el descanso, habiendo cerrado la contrapuerta, dejaron caer los escudos y, en el momento que la reja caía, reventando el metal de la puerta anterior, apareció la enorme figura de un Troll, y detrás de el se oían mas rugidos. Esta criatura no era natural, ni siquiera corría vida por sus venas, algún embrujo les había permitido permanecer integro a través de las centurias para acatar algún designio todavía por descubrir.

    Ogre undead

    Con pocas probabilidades, aquellos que podían disparar lo hicieron sin hacerle mella al duro cuero de la bestia fantasmal; golpe tras golpe, ese obstáculo que separaba a la partida de las bestias se deformaba, dardos y fuego se lanzaban contra ellos sin que ninguno causara algún daño efectivo.
    Fofodon fue el primero en huir hacia la salida, seguido de cerca por Balarian, acobardado ante la imagen de estos enemigos y, como se dice en el pueblo, cuando ves a tu Paladín correr, es mejor que lo sigas.
    Rufilos, sin creer lo acontecido y por que Balarian demostraba tal grado de cobardía solo atino a llamarlo para recomponer un frente y hacer frente a los Trolls que ya desencajaban el portón de sus goznes.
    A máxima velocidad, uno primero y los otros después, salieron de la cueva y se alejaron hasta los lindes del bosque.
    Saren estaba disgustadísimo, no podía creer como, aquel grupo que tanto había elevado su nota y valentía, salía corriendo ante semejante amenaza. Se reagruparon y recompusieron del susto para establecer una nueva estrategia, Aiwendil ilumino la armadura de Balarian, quien ahora se encontraba al frente del grupo esperando encontrar a los Trolls que allí se encontraban, de a uno y así poder vencerlos de manera separada.
    Como al comienzo, vuelven a revisar las salas desde donde aparecieron los cubos come carne, y cuando llegaban a la segunda sala, el primero Troll aparece casi sobre Balarian. Alerta estaba el Paladín que, con el primer estoque le cercena un brazo, mientras Thokk intentaba golpearlo con sus poderosos puños sin resultado.
    Duhck, haciendo alarde de sus capacidades natas rodea a la bestia para colocarse en su retaguardia, en el camino es impactado por un mazazo que lo atonta pero que no llega a eliminarlo.
    Ante el tamaño del troll todos tenían oportunidad y, mientras Balarian soportaba el peso de los tremendos golpes, los demás disparaban, lanzaban hechizos o golpeaban duramente el flanco del enemigo.
    Luego de algunos pequeños impactos y los rayos mágicos emitidos por Saren, Fofodon creyó tener la misma capacidad que su amigo Duhck e intento pasarle por el costado a la bestia, triste fue su final cuando la maza lo alcanzo de frente, atravesándolo ante los ojos aterrorizados de sus compañeros.
    Fofodon Altachala, ese pequeño bribón que alguna vez fue las delicias y dolores de cabeza de todo el grupo malla en la academia yacía ahora partido en el sucio suelo de una caverna desconocida.
    Balarian sufría y sufría, golpe tras golpe, haciéndolo caer y sin posibilidad de recuperación; eso y los repetidos fallos de sus compañeros fueron a causa de la desmoralización producida por la caída del camarada, hasta que Saren, recuperado del impacto y sin ninguna relación con el hobbyt lanzo desde sus manos un poderoso rayo que termino por atravesar el seco cuerpo de ese ser No Muerto.
    Así habían logrado su primera victoria, Balarian comenzó a tomar sus medicinas y a recuperarse mientras los demás cubrían el cuerpo del caído cuando escucharon desde lo profundo de la caverna nuevamente rugidos, cada vez más cerca.
    Sin haber aun logrado recuperar el aliento una nueva tromba blanca y huesuda se abalanzó sobre ellos, nuevamente sobre el luminoso Paladín. De todos los disparos y golpes que en ese primer momento se lanzaron solo Saren logro dar en el blanco con una bola de fuego que hizo disminuir la marcha de la mal forme criatura.
    Todo tipo de disparo, de fuego y acido, se lanzaron sobre el Troll, la suerte comenzaba a cambiar y los aciertos se incrementaban, pero mientras Balarian seguía cayendo ante los golpes bestiales, el monje en quien se depositaba la confianza del combate cercano no lograba hacerle daño.
    Las fuerzas y las municiones se les acababan, el paladín ya no podía aguantar vivo mucho tiempo mas, caído debajo del pie del troll yacía herido y con pocos minutos de existencia.
    Fue entonces, mas por suerte que por razón, que Duhck, utilizando la ballesta que fue de Fofodon durante su vida que, con un certero disparo de saeta elimino, al fin, la amenaza de este segundo No Muerto.
    Maltrechos y tristes recogieron el cuerpo del hobbyt y nuevamente retrocedieron hasta el linde del bosque para descansar y volver a empezar con mayores ánimos y una nueva estrategia para internarse en la montaña.

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