Sesión 6

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    Burjar
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    CAIDA Y RENACIMIENTO

    Arrastrando el destrozado cuerpo de su compañero, Fofodon, caído bajo el poderoso impacto de la maza que portaba el último Ogro Zombie abatido, el grupo llego a las puertas del bosque.
    Temerosos aun por el recuerdo de los hombres búho que noches atrás los habían emboscado, se dedicaron presurosos a darle una sepultura lo mas decente posible. Sin herramientas para cavar, encontraron una pequeña abertura debajo de una raíz de árbol, alguna vieja madriguera dejada abandonada por algún animal, lo suficientemente grande para depositar el cuerpo del hobbit en su último descanso.
    Balarian, imbuido de los poderes celestiales de su rango dedico unas últimas palabras de despedida al atrevido pícaro que hizo las delicias y dolores de cabeza del grupo aventurero.
    Cuando terminaron con sus tareas, Szaren insistió en retornar a la cueva para internarse mas aun dentro de la cueva y así hallar lo que buscaba.
    El grupo no estaba muy determinado a hacerlo y se demoraban en torno al mago cuando escucharon unos pasos detrás de la arboleda, unos pasos pesados y ruido de armadura se acercaban hacia ellos. Prestos a disparar hacia ese objeto que se acercaba, tensaron sus arcos, Dhuck dio la voz de alto hacia, lo que ahora podían divisar con mayor certeza, era una extraña pareja, un enano y un elfo recorriendo el descampado libremente.
    Rufilos, ya más experimentado en este tipo de encuentros llamo a los desconocidos a acercarse al asentamiento y comenzó con la interrogación de rigor; así se enteraron que, ese elfo explorador portaba el nombre de Heinekenen y el enano que estaba dentro de esa poderosa armadura se llamaba Dain.
    Habían llegado a ellos por indicación de gente de Hilltop y, siguiendo las huellas del grupo, hasta ese tenso momento. Balarian, aun desconfiando de que fuerzas o personajes los habían reunido levanto la mano para examinar las almas de los recién llegados, Heinekenen se sobresalto y levanto su arco, ya cargado, apuntando a la frente del paladín, inmediatamente se vio como objetivo de las armas de todo el grupo. Con palabras de calma y sosiego Balarian conforto la mente del explorador, que bajo y distendió el arco; de la misma manera hizo con Dain y, con agrado le comunico a sus compañeros, y mas aun a Szaren, que no eran personas que hicieran mal o daño in intencionado.
    Szaren los examino profundamente, tratando de interpretar correctamente las habilidades y origen de los recién llegados, podían llegar a ser útiles o no a sus designios?, aun no lo sabia. Fue así que Shauden el druida le propuso una prueba de habilidad a cada uno, con la cual medirlos; animo al elfo a disparar a una presa en movimiento, el resto presionaba pero, a pesar de ello, el elfo se negó a cegar una vida sin motivo ni necesidad, hasta la más insignificante poseía un valor enorme a sus ojos. Shauden arrojo un tronco al aire y grito “dispara !!”, no hizo falta más de un segundo cuando el tronco toco el piso con una flecha incrustada en su corteza. A su ves, y solo para corroborar lo que a las claras se observaba, un choque de espadas tuvo lugar entre Balarian y Dain, cruce tras cruce avanzaban y retrocedían los combatientes, y solo por un pequeño margen el enano se alzo con la victoria.
    Szaren, satisfecho, les ofreció ser parte de la partida, un trabajo de mucho peligro con una recompensa digna de tal tarea y la oportunidad de obtener preciados tesoros en el camino a su destino; oferta que la pareja estaban buscando y que aceptaron gustosamente.

    VUELTA A LA BOCA DEL OGRO

    Tomando sus pertenencias se encararon sobre el camino hacia la cueva nuevamente, ingresaron y, a pesar de ser plena mañana, los envolvió la oscuridad del interior de la montaña.
    Recorrieron el pasillo y cuando ya casi estaban llegando al gran salón de la guardia se escucharon siseos y gruñidos, la luz de las antorchas no permitía adivinar que sucedía mas allá por lo que Dhuck hizo uso de sus pequeñas artes mágicas enviando un grupo de luces al limite máximo de su poder, aparecieron pues esas luces fatuas dentro del gran salón y descubrieron la figura de un insecto gigantesco con miles de pies, idéntico a los que habían observado el día anterior salir entre las piedras del pasillo destruido, luego un gruñido y la figura del ogro zombie que se acerco y de un mazazo aplasto la cabeza del bicho y comenzó a engullirlo.
    Mientras esto sucedía la partida se posiciono y preparo para hacerle frente y destruir a la amenaza que aun les restaba.
    Dain y Balarian, los poderosos baluartes de la compañía se adelantaron para hacerle frente directamente y de esa manera proteger también al resto que ya se disponía a disparar sus saetas. Shauden, siempre dispuesto a eliminar este tipo de amenazas lanzo un hechizo de fuego dirigido sobre el ogro, que logro esquivarlo para encontrarse directamente con una flecha trazada desde el arco de Rufilos. Flechas y saetas de ballesta llovían sobre el gris cuero del ogro, Shauden, casi en una danza con su hechizo quemaba al ogro tanto como podía, y así, mientras el paladín y el guerrero detenían la enorme masa, llego el disparo final de Rufilos justo al ojo que penetro al cerebro de la bestia y le quito los últimos rasgos de conciencia que tenia. Cayó el tercero y último se dijeron entre ellos, revisaron superficialmente los restos de la bestia y avanzaron hacia el salón donde se hallaban los esqueletos de los guerreros caídos y desde donde habían salido los zombies.
    Atravesaron las rejas y el portón destrozados, allí pudieron revisar con mayor detalle los colgajos de telas y esqueletos destrozados y, la puerta del salón adjunto, donde estaban retenidos los ogros, volvía a estar cerrada.
    Aiwendil, extrañado por ello llamo a Balarian y le pidió que hiciera lo posible para sentir si existía alguna amenaza o presencia maligna detrás de esa puerta que ellos no podían ver ni anticipar.
    Balarian alzo nuevamente su mano y, utilizando toda su concentración descubrió que, justo detrás de la puerta se hallaba una presencia maligna, no muy fuerte pero si una verdadera amenaza, Shauden se acercó a un costado y comenzó a sentir golpes en la pared, una grieta comenzó a aparecer y pequeños escombros cayeron justo detrás del druida luego de que se corriera hacia el otro lado. Balarian y Dain, nuevamente tomaron la delantera esperando lo mejor en esa situación cuando, impulsivamente, Shauden arrojo unas piedras a la puerta y, como una tromba un nuevo ogro zombie, mas grande que los otros y blandiendo una enorme hacha empujo la puerta vaivén casi aplastando al druida, nuevamente los guerreros avanzaron lentamente sobre la bestia mientras los demás arrojaban sus flechas, la estrategia ya estaba probada y era exitosa, el grupo siguió los mismos lineamientos y, entre los golpes de los guerreros cortando el vientre del ogro y los certeros dardos de los demás nuevamente, el abominable ogro. El enano golpeaba y golpeaba con ambas hachas hasta dar el último y certero golpe que se clavo en el cuerpo de la bestia hasta cercenarlo por la mitad, con un gran golpe el ogro cayo a los pies del enfurecido guerrero.
    El cadáver del ogro echado en la puerta era una dificultad, y uno a uno fueron pasando por encima de los restos, ingresando a un segundo salón, un poco mas pequeño y sin salida, una verdadera celda donde alguien, hace muchos siglos atrás, había dejado a estos mortales guardianes olvidados.
    Dentro encontraron armas, armaduras y objetos de valor, algo perturbados, y sin otra salida por este camino, tomaron la decisión de intentar atravesar el pasillo principal. Llevaron los tesoros hallados a la sala de la guardia, junto al gran portón, para transportarlos cuando salieran de aquella montaña, rumbo al pueblo.

    UN PEQUEÑO DESVIO

    Todos precisaban algunas horas de descanso, aun se recuperaban de la muerte del hobbit y ahora cargaban el desgaste de la batalla con los dos Ogros que aun quedaban en la cueva. Sin saber que otros obstáculos el camino les presentaría, se agruparon en la sala de guardia y reposaron algunas horas. Shauden observo las condiciones del derrumbe desde detrás del gran portón, recién cuando Dain y Heinekenen comenzaron a levantarlo, cruzo por debajo antorcha en mano, se acerco a los desechos y comprendió que la empresa de desplazar esa tremenda masa de tierra era imposible, era como si la montaña misma se hubiera desgranado y caído sobre el pasillo, si lograba correr lo que había debajo, mas piedras habían arriba que ocuparían su lugar.
    Frustrado, el druida, le informo a sus compañeros el resultado de su análisis, miedos y resquemores fueron evidentes, el único camino que aun les quedaba por aprovechar era ese estrecho túnel que bajaba hacia la oscuridad y que estaba infestado de bichos y nadie quería seguirlo pero era la única opción para continuar con la tarea encomendada por Szaren.
    Debían ahuyentar a la peste y la mejor idea fue comenzar una fogata en la boca del túnel, llevaron los muebles destrozados de la sala, puertas y trozos de madera que se encontraban dispersos por la cueva y los concentraron en un solo lugar, Dhuck descargo el aceite restante de la antorcha metálica y encendió el fuego.
    Las lenguas ardientes se elevaron quemando y espantando a los insectos que salían del túnel abierto en el techo del pasillo, a medida que el calor aumentaba los bichos caían al suelo carbonizados y el ambiente se enrarecía. Sin la posibilidad de acercarse sin quemarse, Balarian, Dain, y Heine Kenenen fueron a buscar el hacha del último Ogro y con ella empujaron los maderos ardientes por el túnel inferior, aquel que debían atravesar y esperaron a que se consumiera. El par de horas que el fuego estuvo presente limpio momentáneamente el camino.
    El humo se disipo, extrañamente, muy rápido y los insectos comenzaban a escucharse a través de la oscuridad; presuroso Dhuck lanzo de sus manos un nuevo grupo de luces hacia el fondo, engancho su cuerda a los escombros tirados en el salón y comenzó a bajar, tres veces enormes milpiés se lanzaron con sus bocas rezumantes de un liquido acido hacia el, y tres veces logro esquivarlos para resbalarse luego y caer pesadamente sobre la roca.
    Detrás de el gnomo bajo rápidamente, gracias a sus nuevas botas mágicas, herencia de Fofodon, Aiwendil Sulimo, mas temeroso de los bichos que de la altura. Haciendo un alboroto monumental, el enano cayo pesadamente sobre los restos de las brasas carbonizadas, su habilidad y peso no contribuyeron a una descenso tranquilo.
    El resto del grupo, temeroso que les sucediera lo mismo, le solicitaron prestadas al hechicero sus botas mágicas que iban subiendo tirando de la soga y bajando de a uno en uno.
    Aiwendil por fin recupero su calzado y atento a que podían existir oportunidades para el uso de la cuerda, subió y recupero gancho y cuerda.
    Desde que Dhuck bajo comenzó a escuchar dentro de la penetrante oscuridad, un incesante goteo, algo que no podía ver y tampoco interpretar.
    Cuando Dain, con la típica visión de los enanos, seres donde la oscuridad de la montaña es moneda corriente, y donde se sienten cómodos y confiados; observo mas allá que comenzaba a inundarse el pasillo. Las antorchas volvían a encenderse y ya todos podían ver de que se trataba pero, donde todos entendían que el camino continuaba sin variaciones, Dain sabia bien que este descendía en nivel, y el agua se iría haciendo mas profunda a medida que avanzaran.
    Dhuck, no acostumbrado internarse en el agua lanzo una saeta hacia una piedra que veía algunos metros adelante, quería asegurarse de que no fuera, o hubiera, animales o insectos en la charca. Mas tranquilo, corroborando que estaban solos, se monto sobre la espalda de Balarian para cruzar sin riesgos el agua.
    En grupo y luego de a pares iban avanzando a través de la inundación, pero el nivel no era tan profundo como esperaban, pequeños montones de escombros sobresalían por sobre el nivel dejando ver una gran colonia de musgos y líquenes que inspiraban y tranquilizaban al druida, mas acostumbrado al aire libre que al encierro profundo.
    Fue así que, luego de avanzar unos cientos de metros debieron detenerse delante de un gran desmoronamiento informe, cascotes y barro parecían de lejos, un desplazamiento de tierra y piedra similar al que existía mas arriba detrás del portón, pero este dejaba un pasillo apenas ancho para el pasaje de una persona.
    Inquietos y con el apuro de la alerta constante, Shauden y Heinekenen avanzaron sigilosos para inspeccionar y medir el pasillo.
    Ya casi habiendo pasado la mitad del obstáculo, el explorador elfo siente un vacío justo debajo de su pie y se detiene dando aviso al druida; apoyando se ambos sobre el montículo de escombros comenzaron a observar en ese momento pequeñas diferencias en la superficie del mismo.
    Pequeños trozos de maderas y metales en un principio y luego trozos más grandes, casi a modo de puertas. Ayudado por Heinekenen, Shauden se monto sobre los hombros del elfo acercándose a esos objetos para analizarlos más detalladamente. Esos maderos parecían cumplir las veces de puertas y estaban dispuestas como tapando ocultos túneles que salían del montículo, sellados con barro y a cierta distancia uno de otro, preocuparon a Shauden que, de pronto, comenzó a escuchar remotos ruidos de movimiento y pequeños chirridos.
    Bajo y le indico a Heinekenen que continuaran con la revisión, retornaron al lugar donde había perdido el paso y, lentamente fue bajando el pie buscando el fondo; lo encontró medio metro mas abajo y, avanzando apenas, su pie se encontró con algo que lo detenía.
    Tanto Shauden como Heinekenen intentaron averiguar de qué tipo de trampa se trataba sin éxito.
    Shauden corrió hacia la boca del túnel a buscar una roca que detuviera el movimiento de la trampa, solo por si acaso, pasando por el costado de sus compañeros con cara de preocupación y sin contarles nada volvió junto a Heinekenen, dejando al grupo con una incertidumbre escalofriante.
    El druida no tuvo éxito en detener el movimiento de la trampa pero Heinekenen ya se encontraba, mas adelante y a la misma altura que antes, ese era solo un pozo que tenia por objetivo hacer caer a los distraídos, vaya a saber en que fatídico destino.
    Entonces el par decidió que llamarían a sus compañeros y los ayudarían a cruzar ese obstáculo y seguir camino, Shauden se detuvo del otro lado e hicieron una marca en el comienzo del pozo. Uno a uno fue llegando y saltando por encima sin correr ningún peligro.
    Continuaron caminando en hilera sin problemas hasta pasar los restos y llegaron al fin a un nuevo arco de entrada, se abría delante de ellos un nuevo salón distribuidor de iguales dimensiones al salón de los bichos pero con forma de L, totalmente anegado y con restos esparcidos por todo el lugar, decidieron detenerse allí un momento para decidir las nuevas acciones que deberían seguir.

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